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El lujo no puede parar

Algunos simples datos dan cuenta del sitial que ocupa esta urbe en el mapa mundial del consumo y el hedonismo. En ella aparca la segunda flota de helicópteros más numerosa del mundo y los millonarios se cuentan por decenas de miles, situandose a la par, e incluso por sobre, de colosos del lujo como Londres, París y Nueva York. Por Rodrigo Guendelman.

Sarah Jessica Parker, la inolvidable Carrie Bradshaw de Sex and the City, fue la estrella elegida para protagonizar el comercial de lanzamiento del más nuevo de los malls paulistas, el flamante Shopping Cidade Jardim. Le pagaron 300 millones de pesos a esta famosa actriz de Hollywood y ni siquiera se tuvo que mover de Nueva York. Inaugurado hace dos años, el centro comercial Cidade Jardim tiene muchas tiendas que en Chile no existen, como Giorgio Armani, Tiffany o La Perla, y es uno de los tantos ejemplos que permiten explicar el impresionante nivel de lujo que se puede encontrar en São Paulo.

Con una población que bordea los 20 millones de habitantes y conocido como “la ciudad que no puede parar”, este centro financiero tiene la segunda flota más grande de helicópteros del planeta. En total, 420 aparatos que utilizan 260 helipuertos, cifra sólo superada por Nueva York. Y claro, como para que existan muchos helicópteros tiene que haber muchos propietarios acaudalados, São Paulo reúne un altísimo número de millonarios: más de 30 mil personas son ricas, medidas en reales y en dólares. Por eso, no hay que sorprenderse de que en Jardins, el barrio chic por excelencia de esta megápolis, se despliegue una calle que está considerada entre las diez más lujosas del mundo. Se llama Oscar Freire, y en ella centenas de árboles regalan sombra y uno puede encontrar lojas (tiendas) tan caras y exclusivas como Dsquared2, Nespresso, Max Mara, Fendi, Miss Sixty y la muy de moda y local Osklen, así como el segundo local de Diesel más grande de los cinco continentes.

Justo en ese barrio, a dos cuadras de Oscar Freire, en la Rua Vittorio Fasano, se impone con majestuosidad el Hotel Fasano. ¿Notaron que lleva el mismo apellido que la calle? No es casualidad: por más de cien años la familia Fasano ha dirigido el mejor restaurante de comida italiana de América latina. Y desde 2003, es dueña de este finísimo hotel de 60 habitaciones, cuyos valores parten desde 1.200 reales (370 mil pesos) y llegan hasta los 4.400 reales (1.350.000 pesos). Una visita al bar, al restaurant y a la terraza permite, en pocos minutos, hacerse una idea del buen gusto, la sobriedad y la clase que los Fasano saben imprimir a sus productos.

En el Fasano, el nivel de los precios marea pero, al mismo tiempo, hay que estar consciente de que se trata de uno de los dos hoteles más elegantes de la ciudad. El otro es el Unique, emplazado en la Avenida Brigadeiro Luis Antonio, a metros del Parque Ibirapuera (el Central Park de esta urbe: grande, precioso, donde los paulistas menos necesitados pasean sus perros de razas extrañas y los menos afortunados también encuentran espacio para el descanso). Diseñado por Ruy Ohtake, uno de los grandes arquitectos de Brasil, el Unique es un hotel que hace absoluto honor a su nombre. Unico en su forma, en sus vistas espectaculares, en su glamoroso estilo, tiene habitaciones que se mueven entre los 200 mil y los 550 mil pesos. Un precio consecuente con una ciudad poco accesible en términos económicos pero, al mismo tiempo, uno de los hoteles boutique con más premios y reconocimientos por su genial y atrevida arquitectura. Basta ver la gigantesca barra del lobby, de unos 20 metros de altura, para quedar con la boca abierta y poner al Unique entre las metas fetichistas del mediano o largo plazo.

A sólo cuatro horas en avión de Santiago, São Paulo es un lugar que en términos de consumo y hedonismo pelea de frente con Nueva York, Miami, Londres y París. Su PIB (Producto Interno Bruto) es mayor que los de 22 de los 50 estados de EEUU y, si fuera un país, esta urbe se situaría entre las 50 mayores economías del mundo, por sobre Egipto y Kuwait y al mismo nivel de Nueva Zelandia y Hungría.

Grande y rica, en la inmensa ciudad de São Paulo vive el 60% de los millonarios de Brasil. Eso ayuda a comprender que haya una tienda como Daslú, algo así como la Barneys paulista, que se levanta en una apoteósica mansión, tiene una larguísima entrada para autos y sus dimensiones son de antología: 11.500 metros cuadrados para ofrecer lujo, sólo lujo… cuestión que queda clara con las marcas que se venden en cada uno de sus bien decorados espacios.

Si pensabas que Hermés o Prada eran las marcas más caras en vestuario masculino, en Daslú puedes llevarte una sorpresa con Tom Ford. Hay un espacio íntegramente dedicado a esta marca del famoso diseñador norteamericano, el mismo que hace años rejuveneció a la compañía Gucci, la transformó en uno de los nombres más deseados de la industria y luego decidió independizarse. Lo cierto es que una camisa Tom Ford puede superar sin problemas los 350 mil pesos y un abrigo llega a costar un millón y medio de pesos. Eso es lujo. Y ese es uno de los tantos atractivos de São Paulo, ciudad subvalorada por el turista chileno que, cuando piensa en Brasil, tiene en el top of mind a Río, Buzios, Florianópolis y, si es muy sofisticado, a Fernando de Noronha. Ojo con São Paulo, un verdadero atajo a los placeres más sofisticados y exquisitos del orbe, a sólo una siesta larga o dos películas de distancia de nuestra capital.