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Madonna debuta en Chile con el peor disco de su carrera

Qué pena que Madonna no incluyera a Chile en la gira de su anterior disco “Confessions on a dance floor” (2005), pues no sólo habríamos tenido la oportunidad de ver un gran show, como sin duda será el de esta noche y el de mañana, sino que además la  música habría sido proporcional al despliegue visual. La razón de esta queja es simple: “Hard Candy”, el undécimo disco de Madonna y que la trae a Santiago por primera vez, es el peor trabajo de su carrera, sólo rivalizando con “Who´s that girl” de 1987. Vamos a los argumentos.

Acostumbrada a los desafíos, a ir un paso más allá, a experimentar, a buscar asesores vanguardistas, esta vez Madonna hizo lo contrario, es decir, no corrió riesgo alguno. En vez de atreverse con productores tan interesantes y experimentales como fueron Mirwais, William Orbit y Stuart Price en algunos de sus grandes álbumes pasados, esta vez la reina pop compró éxito garantizado a través de Timbaland y The Neptunes, los nombres más grandes, masivos, experimentados y caros del mundo. A eso hay que sumar a Justin Timberlake, otro gurú de la buena fortuna, presente en casi la mitad de las canciones de “Hard Candy”. La explicación es tan simple como decepcionante. Madonna se asustó de la fría reacción que tuvo el público norteamericano ante “Confessions on a dance floor” y ya venía algo traumatizada de su anterior entrega, “American life” (2003), el primero de todos sus discos que no logró poner single alguno en el top ten del Billboard.

Hay debilidades y miedos que se los podemos aceptar a otros personajes, pero no a ella, de ninguna manera. En nuestro inconsciente colectivo Madonna es la hermana que se atrevió a tatuarse, la amiga que le pegaba a los tipos que le faltaban al respeto, la amante que siempre quería probar algo nuevo, la súper woman. Por eso, “Hard candy” desilusiona. Más aún, cuando uno se entera de que las cinco canciones escritas y producidas por Timbaland y Justin Timberlake incluyen a Madonna sólo como coescritora pero no como coproductora. Es decir, Madonna dejó que sus asesores se hicieran cargo en forma absolutamente autónoma de casi el 50% del disco.

Dejemos por un segundo la música de lado. ¿Se han fijado en la carátula de “Hard Candy”, en el arte del disco, en las fotos del booklet y en el diseño? Nunca una obra de Madonna fue tan básica y vulgar. Mucha pierna abierta, figuras fálicas evidentes y un insoportable rosado que repleta las fotos y que huele a chicle adolescente parecen subvalorar la inteligencia y el gusto a sus fans. Volvamos ahora a la música. Si uno escucha cualquiera  de los muchos discos que han producido Timbaland y The Neptunes en los últimos cinco años, todo lo que hay en “Hard Candy” se escuchó antes en momentos de Nelly Furtado, Missy Elliot, Snoop Dogg, el mismo Justin Timberlake y hasta Duran Duran. O sea Madonna no sólo entregó el control, dejó de arriesgarse y trabajó con diseñadores trasnochados sino que, mucho peor, ahora suena añeja. Algo simplemente imperdonable. Hasta esta noche, claro, cuando su performance en directo nos deje a todos con la boca abierta y nos haga olvidar este mal paso discográfico. En la cancha del estadio nos vemos.